Querida Andrea
Si no me equivoco ahora mismo estás muy lejos. Puede que esa sea una razón por la que haga esto o puede que no, pero salió de mi cabeza como un torrente de cosas que quería decirte y que no podía quedarme adentro.
La cuestión es que quizá me haya cansado un poco. Pero para no liar, creo que empezaré desde el principio.
Si no me equivoqué entonces esto comenzó la tarde de la semana de hogueras de hace ya seis años (creo) en la que te vi paseando con chicas que no recuerdo, camino de ver el monumento de la punta. En ese momento me fijé en ti. No sabía quien eras. Indagué vagamente para ver si lo averiguaba pero había demasiada distancia entre nosotros y lo dejé pasar. Ese mismo verano, volviendo de algún lugar, solo, pasé por debajo de tu ventana. Sé que era tu ventana porque no sé por qué, sentí que me miraban y al echar la vista hacia arriba te vi mirándome como me iba.
Como sabes eso desembocó en una charla a través de mi otro messenger que luego derivó en una quedada en febrero del siguiente año para conocernos. Era el cumple de alguien y me quisiste hacer la rula. Pero bueno, creo que esa parte más o menos la conoces. Entonces comenzamos a hablar, nos hicimos amigos y teníamos conversaciones de vez en cuando en las que podíamos hablar de cualquier cosa y en la que descubrimos que habíamos nacido el mismo día. Creo que dijiste algo así como: "¡lo sabía!". Y así pasaron los años.
Durante ese proceso no pasó nada especial, en el sentido de que bueno, estabas ahí y empecé a querer quedar contigo, pero era un interés que era meramente de amistad y curiosidad. Seguíamos contando nuestras experiencias, tú tuviste las tuyas y yo a Ali. Justo cuando llevábamos un par de meses con nuestro tonteo se te ocurrió decirme que tú y yo éramos como Isabella y David, de El juego del ángel. Una relación en la que ella está perdidamente enamorada de él mientras David la ve como a una hermana.
Después de un año de una relación bastante inestable Ali terminó yéndose con Enrique como bien recordarás. Bueno, lo que pasó en realidad fue que en enero le dije que no quería seguir con ella, porque, por desgracia, no la quería. Soy un inútil sentimental. Después seguimos viéndonos y quedando, como si nada hubiera pasado hasta que en algún momento del verano del 2009 le dije que me gustabas y ella pensó (y con razón) que debía terminar con lo que teníamos. Después de cinco párrafos acabo de acordarme de que me diste un abrazo como si te alegraras de verme en el tropic por esas fechas.
Justo un mes después, en septiembre, nosotros al fin, quedamos. Después de unos tres años logré que los astros se alinearan, que quisieras quedar, que pudieras y que al final, pasara. Costó. Aquella tarde tenía, como supiste, tres planes. El primero era el normal, quedar para tomar algo en algún sitio. El segundo era ir a alguna playa a tomar unas cerves que llevaba en el maletero y el tercero era ir a patinar sobre hielo. Como no teníamos mucho tiempo y tampoco quería tirarme a la piscina, acordamos el primero, que no implicaba desvelar nada.
Por un lado, ocurrió que lo pasé genial, que sentí que me hacías gracia y que sonreía aunque no dijeras nada. Eso, créeme no me pasa muy a menudo. Hasta entonces lo que había sentido no era nada comparado con lo que estaba empezando a sentir. Me llegué a convencer sin tener que hacerlo, de que quería estar contigo.
Por otro lado me dijiste lo de Ali y su carta. La vi como un desahogo como este (que por cierto, no te gustó porque creías que era fachada), pero por otro lado pensé que lo que Ali estaba haciendo era venderme de la mejor manera ante ti. Como me dijiste que no le comentara nada, nunca lo sabremos. Al mismo tiempo me llegó el rumor de que había gente que pensaba que tú y yo nos habíamos liado. Nunca entendí muy bien de donde podía salir ese pensamiento, dado que la única vez que hemos estado solos fue precisamente el día de la tetería.
Tras aquel día seguimos hablando por el messenger como si nada. En realidad hubo un cambio, ligero y quizá ni siquiera existió tal cambio. Empezamos a tener conversaciones de calidad, hasta que llegó el día de las canciones. Te dije que me gustaría poder dedicar Small town - Pearl jam a alguien porque decía eso de “I just want to scream, Hello! y tú dijiste que la pusiera por ti, me diste esa razón para ponerla, pero no lo hice, porque pensé que el mensaje no encajaba en ese momento. Después la conversación terminó en un "¿Qué canción somos?". Yo, siguiendo como mi etapa de Pearl Jam sugerí que éramos Courdory y tú dijiste que en realidad nuestra relación era Qué te diría de Carlos Chauen. En aquel momento escuché la canción una y otra vez queriendo saber qué leches querías decirme. Fue justo ahí cuando surgió la Teoría de la magnificencia.
No sabía que estaba pasando en ese momento pero al cabo de unos días te fuiste a Murcia y entonces toda la relación saltó por los aires. Además pasó algo que no había pasado nunca, que fue que por primera y única vez me mandaste un sms. Mientras tú, no sé por qué razón, pensabas que me seguía gustando Ali. Si lo recuerdas insinué que os caíais mal. Ahora sabes por qué pensé que tú le caías mal a ella. Nunca supe bien si lo decías porque lo pensabas de verdad o por echar balones fuera.
Pero como ya digo, la relación que teníamos, fuera cual fuere, se desvaneció.
A lo largo de estos dos años no ha pasado nada relevante, nos hemos visto poquito, casi nada, pero enseguida nos hemos puesto más o menos al día. Hasta hace un par de meses en el que nos vimos en los pubs de arriba y me preguntaste por Nadia ¿? Jaja. Aquel día, fuiste tú la que me dijiste de quedar, cosa que no me resultó fácil de rechazar. Pero por alguna extraña razón que no quiero saber al final no cuajó el asunto.
Por último (del relato de los hechos) llegamos al primer día que te vi en la biblioteca. Fue cuando me dijiste que te ibas a Australia dos meses. Cogí mis cosas y me senté por ahí, porque estaba con una amiga. No sé si eso te sentaría bien, mal o te dio igual. El caso es que después, en esos días en los que coincidimos en la biblio tú no me saludaste ni una sola vez. Tampoco sé si por lo empanada que eres o qué. Reconocerte que eso me sentó fatal en aquel momento.
Ahora mismo la situación es más o menos de indiferencia. Me refiero a que no estoy pensando en ti porque casi me has obligado a hacerlo. Por otro es que ando muy liado comiéndome la cabeza con viejas batallas y no me da tiempo a que me duelas.
Esto es lo que ha pasado y ahora viene la reflexión final:
Durante todo el tiempo que nos hemos conocido ha existido siempre la duda. Primero de saber qué pensabas de mí y de si en algún momento habrías sentido algo. Recuerdo una actualización del fotolog que le dediqué a Nadia en la que tú pusiste algo así como: "Ojalá alguien me dedicara esas palabras". En realidad, después de quedar, te envié unas cuantas entradas que iban sobre ti y sobre lo erróneo que fue que me dieras la oportunidad de conocerte. En ese momento Courdory tenía más sentido que nunca.
La segunda no ha sido una duda, sino un miedo. Miedo a ser rechazado y a perder la amistad que hemos tenido. Creo que nunca ha existido nadie que me haya dado más miedo que tú, tenía verdadero pavor a que supieras que me gustabas y se juntaban esos dos pánicos. No quería ser rechazado y a la vez perderte. Con el tiempo me he terminado dando cuenta de que esta amistad no era la que tenía esas "conversaciones de calidad", con ello no quiero decir que no quiera mantenerla, pero quizá sí que he perdido ese miedo. Sobre el primero de ellos no sé, puede que me haya cansado de tener que esconder mis sentimientos por ti durante tanto tiempo y ahora quiera gastarlos en guardar los que siento por otra. Quizá me sigas teniendo comiendo de tu mano hasta que llegue otra Nadia u otra Andrea, no lo sé.
Cuando leas esto no sé lo que pasará. Si lo ignorarás, si harás como que lo ignoras o a saber. Solo me gustaría que, al menos, me digas si cuando te vea tengo que mirar para otro lado o hacer como si no pasara nunca nada y saludarte como hasta ahora.
Espero que pases un feliz invierno. De verdad.
Un beso. Yo.
