martes, julio 05, 2011

Querida Andrea

Hoy, ahora, me he despertado. Y en mitad de pensamientos oscuros de inicios de vigilia me ha sacudido un pensamiento que se transformará en esto. Son las 5:30 am.

Si no me equivoco ahora mismo estás muy lejos. Puede que esa sea una razón por la que haga esto o puede que no, pero salió de mi cabeza como un torrente de cosas que quería decirte y que no podía quedarme adentro.

La cuestión es que quizá me haya cansado un poco. Pero para no liar, creo que empezaré desde el principio.

Si no me equivoqué entonces esto comenzó la tarde de la semana de hogueras de hace ya seis años (creo) en la que te vi paseando con chicas que no recuerdo, camino de ver el monumento de la punta. En ese momento me fijé en ti. No sabía quien eras. Indagué vagamente para ver si lo averiguaba pero había demasiada distancia entre nosotros y lo dejé pasar. Ese mismo verano, volviendo de algún lugar, solo, pasé por debajo de tu ventana. Sé que era tu ventana porque no sé por qué, sentí que me miraban y al echar la vista hacia arriba te vi mirándome como me iba.

Como sabes eso desembocó en una charla a través de mi otro messenger que luego derivó en una quedada en febrero del siguiente año para conocernos. Era el cumple de alguien y me quisiste hacer la rula. Pero bueno, creo que esa parte más o menos la conoces. Entonces comenzamos a hablar, nos hicimos amigos y teníamos conversaciones de vez en cuando en las que podíamos hablar de cualquier cosa y en la que descubrimos que habíamos nacido el mismo día. Creo que dijiste algo así como: "¡lo sabía!". Y así pasaron los años.

Durante ese proceso no pasó nada especial, en el sentido de que bueno, estabas ahí y empecé a querer quedar contigo, pero era un interés que era meramente de amistad y curiosidad. Seguíamos contando nuestras experiencias, tú tuviste las tuyas y yo a Ali. Justo cuando llevábamos un par de meses con nuestro tonteo se te ocurrió decirme que tú y yo éramos como Isabella y David, de El juego del ángel. Una relación en la que ella está perdidamente enamorada de él mientras David la ve como a una hermana.

Después de un año de una relación bastante inestable Ali terminó yéndose con Enrique como bien recordarás. Bueno, lo que pasó en realidad fue que en enero le dije que no quería seguir con ella, porque, por desgracia, no la quería. Soy un inútil sentimental. Después seguimos viéndonos y quedando, como si nada hubiera pasado hasta que en algún momento del verano del 2009 le dije que me gustabas y ella pensó (y con razón) que debía terminar con lo que teníamos. Después de cinco párrafos acabo de acordarme de que me diste un abrazo como si te alegraras de verme en el tropic por esas fechas.

Justo un mes después, en septiembre, nosotros al fin, quedamos. Después de unos tres años logré que los astros se alinearan, que quisieras quedar, que pudieras y que al final, pasara. Costó. Aquella tarde tenía, como supiste, tres planes. El primero era el normal, quedar para tomar algo en algún sitio. El segundo era ir a alguna playa a tomar unas cerves que llevaba en el maletero y el tercero era ir a patinar sobre hielo. Como no teníamos mucho tiempo y tampoco quería tirarme a la piscina, acordamos el primero, que no implicaba desvelar nada.

Por un lado, ocurrió que lo pasé genial, que sentí que me hacías gracia y que sonreía aunque no dijeras nada. Eso, créeme no me pasa muy a menudo. Hasta entonces lo que había sentido no era nada comparado con lo que estaba empezando a sentir. Me llegué a convencer sin tener que hacerlo, de que quería estar contigo.

Por otro lado me dijiste lo de Ali y su carta. La vi como un desahogo como este (que por cierto, no te gustó porque creías que era fachada), pero por otro lado pensé que lo que Ali estaba haciendo era venderme de la mejor manera ante ti. Como me dijiste que no le comentara nada, nunca lo sabremos. Al mismo tiempo me llegó el rumor de que había gente que pensaba que tú y yo nos habíamos liado. Nunca entendí muy bien de donde podía salir ese pensamiento, dado que la única vez que hemos estado solos fue precisamente el día de la tetería.

Tras aquel día seguimos hablando por el messenger como si nada. En realidad hubo un cambio, ligero y quizá ni siquiera existió tal cambio. Empezamos a tener conversaciones de calidad, hasta que llegó el día de las canciones. Te dije que me gustaría poder dedicar Small town - Pearl jam a alguien porque decía eso de “I just want to scream, Hello! y tú dijiste que la pusiera por ti, me diste esa razón para ponerla, pero no lo hice, porque pensé que el mensaje no encajaba en ese momento. Después la conversación terminó en un "¿Qué canción somos?". Yo, siguiendo como mi etapa de Pearl Jam sugerí que éramos Courdory y tú dijiste que en realidad nuestra relación era Qué te diría de Carlos Chauen. En aquel momento escuché la canción una y otra vez queriendo saber qué leches querías decirme. Fue justo ahí cuando surgió la Teoría de la magnificencia.

No sabía que estaba pasando en ese momento pero al cabo de unos días te fuiste a Murcia y entonces toda la relación saltó por los aires. Además pasó algo que no había pasado nunca, que fue que por primera y única vez me mandaste un sms. Mientras tú, no sé por qué razón, pensabas que me seguía gustando Ali. Si lo recuerdas insinué que os caíais mal. Ahora sabes por qué pensé que tú le caías mal a ella. Nunca supe bien si lo decías porque lo pensabas de verdad o por echar balones fuera.

Pero como ya digo, la relación que teníamos, fuera cual fuere, se desvaneció.
A lo largo de estos dos años no ha pasado nada relevante, nos hemos visto poquito, casi nada, pero enseguida nos hemos puesto más o menos al día. Hasta hace un par de meses en el que nos vimos en los pubs de arriba y me preguntaste por Nadia ¿? Jaja. Aquel día, fuiste tú la que me dijiste de quedar, cosa que no me resultó fácil de rechazar. Pero por alguna extraña razón que no quiero saber al final no cuajó el asunto.

Por último (del relato de los hechos) llegamos al primer día que te vi en la biblioteca. Fue cuando me dijiste que te ibas a Australia dos meses. Cogí mis cosas y me senté por ahí, porque estaba con una amiga. No sé si eso te sentaría bien, mal o te dio igual. El caso es que después, en esos días en los que coincidimos en la biblio tú no me saludaste ni una sola vez. Tampoco sé si por lo empanada que eres o qué. Reconocerte que eso me sentó fatal en aquel momento.

Ahora mismo la situación es más o menos de indiferencia. Me refiero a que no estoy pensando en ti porque casi me has obligado a hacerlo. Por otro es que ando muy liado comiéndome la cabeza con viejas batallas y no me da tiempo a que me duelas.

Esto es lo que ha pasado y ahora viene la reflexión final:

Durante todo el tiempo que nos hemos conocido ha existido siempre la duda. Primero de saber qué pensabas de mí y de si en algún momento habrías sentido algo. Recuerdo una actualización del fotolog que le dediqué a Nadia en la que tú pusiste algo así como: "Ojalá alguien me dedicara esas palabras". En realidad, después de quedar, te envié unas cuantas entradas que iban sobre ti y sobre lo erróneo que fue que me dieras la oportunidad de conocerte. En ese momento Courdory tenía más sentido que nunca.

La segunda no ha sido una duda, sino un miedo. Miedo a ser rechazado y a perder la amistad que hemos tenido. Creo que nunca ha existido nadie que me haya dado más miedo que tú, tenía verdadero pavor a que supieras que me gustabas y se juntaban esos dos pánicos. No quería ser rechazado y a la vez perderte. Con el tiempo me he terminado dando cuenta de que esta amistad no era la que tenía esas "conversaciones de calidad", con ello no quiero decir que no quiera mantenerla, pero quizá sí que he perdido ese miedo. Sobre el primero de ellos no sé, puede que me haya cansado de tener que esconder mis sentimientos por ti durante tanto tiempo y ahora quiera gastarlos en guardar los que siento por otra. Quizá me sigas teniendo comiendo de tu mano hasta que llegue otra Nadia u otra Andrea, no lo sé.

Cuando leas esto no sé lo que pasará. Si lo ignorarás, si harás como que lo ignoras o a saber. Solo me gustaría que, al menos, me digas si cuando te vea tengo que mirar para otro lado o hacer como si no pasara nunca nada y saludarte como hasta ahora.

Espero que pases un feliz invierno. De verdad.

Un beso. Yo.

martes, enero 13, 2009

Historia de un martes y trece
















Creía que nunca sería temeroso con los martes y trece, hubo días en los que incluso me aventuré a cruzar por debajo de alguna escalera y nada pareció cambiar. Tiene que ver con haber nacido un trece, se le pierde el miedo al número.

Supongo que hay cosas que pasan porque tienen que pasar, a veces parece que todo sucede por una razón aunque nunca sepamos a ciencia cierta qué razón es esa hasta que es demasiado tarde (para bien o para mal).

Y hoy ha sido un martes y trece no malo, no ha habido ninguna catástrofe, no ha saltado ninguna de mis piernas por los aires, pero renuncio a soñar por no encontrar a cierta persona navegando en aguas de Morfeo. No sé a qué sonará, pero en ocasiones es necesario renunciar a los sueños por algo de bienestar. Pero siendo hoy el día que es, he tenido la mala suerte de encontrármela, qué de coincidencias se tienen que haber dado para que ese pseudo-encuentro tuviera lugar… el sino es caprichoso. Tal vez esto quiera decir que debo dejar de estudiar, porque empiezan los exámenes y lo que menos me hace falta es inestabilidad o puede que haya sido un toque de atención al estilo “eh Rafa, tranquilo, esto ya está superado”. Es temprano para decirlo.

Pero creo que está claro que más o menos, esta lejanía nos ha hecho bien, hemos soltado lastre, quizás ahora aprendamos a amar cada uno a quien quiera, aunque eso nos lleve un tiempo. Quizás nos hagamos más fuertes a base de palos, intentando olvidar una y otra vez todo este tiempo, que, seamos sinceros, no ha sido poco. Pero para mí no está todo acabado, nunca lo ha estado, sólo que ambos somos, reconozcámoslo, demasiado cabezones. O puede ser que en realidad todo esto no te importe en absoluto, de lo cual me alegro, porque también formará parte de eso de aprender a amar otra vez.

Una vez tuve un sueño despierto, uno en el que pasaba algo parecido a lo de hoy, sólo que más serio, con más conciencia el uno del otro, sabíamos que pasaríamos muy cerca, que si quisiéramos nuestros brazos se rozarían como si se tratase de dos extraños despistados, y en ese breve instante en el que nuestros cuerpos compartían apenas un metro cuadrado yo daba mi brazo a torcer y decía: “te echo de menos” y antes de darme cuenta ya tenía una respuesta “y yo también”.

PS: Es curioso que justamente esta mañana me haya encontrado esa nube. Cada uno que la vea como quiera. A mí me parece curioso, como si fuera una señal.

miércoles, octubre 29, 2008

Algo parecido a un mal sueño

Esto es un sueño que tuvo lugar en un ambiente inexistente, donde nuestros cuerpos vivían firmemente en un espacio puro, sin cielos azules ni suelo que sustentase nuestros pasos iluminados por una impoluta luz blanca sin origen.

Allí estábamos, porque esos éramos tú y yo. Murmuraban mis pensamientos lo mucho que te odiaba, lo inútiles que resultarían tus palabras si intentabas argumentar una disculpa, era totalmente imposible que alguna palabra tuya pudiera subyugarme, porque yo era puro odio y el perdón era la más noble de las utopías.

Empezaste a susurrar tímidamente, creyendo que el único remedio ante la presencia del silencio era la proximidad de nuestros cuerpos. Apareció en tus palabras una divagación absurda y empeñada en evitar problemas con la acústica redujiste las distancias. La dialéctica comenzó a tener sentido, porque pude oírte susurrar un dulce: “yo…”

Sólo fue un suave roce con tus labios rosados, jamás nadie podría catalogar aquello como un beso, pero volviste a hacer que no quisiera otra cosa, y ahora debo ser el único tonto que maldice sus sueños, el único que desea que nunca se hagan realidad.

domingo, agosto 24, 2008

Como una casa

Están siendo días de no parar por casa, de no dejar al cerebro pensar, de huir de aquí y de todas partes, de no aparecer por ningún sitio. Pero si saliera sería para pensar en lo mismo, para darle mil vueltas a la situación. Da igual lo que haga, lo que intente, una y otra vez la misma sensación. Ver la tele, jugar al fútbol, escuchar música. Es de esas veces que sólo oyes a tu cerebro pensar, como cuando necesitas que todo esté en calma para escucharlo, pero sin querer hacerlo.

Alguien dijo no hace mucho tiempo que era patético. No me importó en absoluto porque por suerte tengo un buen ego y considero que hago bastantes cosas bien, y sí, aunque tenga defectos de un ser patético los he conocido peores y con características patéticas más acentuadas.

Joder, pero no me había dado cuenta hasta ayer de lo patético que era. De como llevo tres años haciendo el gilipollas y tragando mierda (porque una cosa es comerla y otra tragarla) y yo sin saberlo ahí, traga que te traga.

Hay muchas cosas en el mundo que no soporto, muchísimas, soy un quejica. Pero si hay algo que odio de verdad es que me mientan, y me han mentido en plan: "toma imbécil este trozo de mierda es para ti, cómetelo con patatas y después húndete en él".

No por decírmelo lo soy, pero ahora lo sé, soy patético.

Y esta mierda enorme, es para ti.

domingo, junio 15, 2008

Como tantos...

Aparece. Ahí está, impávida. No busca, no se esconde, observa. Se deleita con su propio caminar, con su vaivén. Sujeta sus caderas, se transforma en el arpa que siempre quiero tocar. Se tuerce y ella sola se mece.

En un instante la encuentro nadando en mi herrumbre. No lo parece, pero me mira con los ojos casi cerrados, y se acerca como una confidente, como si hubiera algo que decirme al oído. Pero se equivoca y sus labios acaban chocando con los míos.

Se aparta y se le escapa una sonrisa. Vuelvo a caer y pienso que me he convertido en el extraño hombre-objeto, listo para la conversión en trofeo. Pero se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y… se muerde el labio.

No lo supe, pero era la primera vez que me sentía deseado.

Ahora no dejo de buscar otra mujer que se muerda por mí, ni de intentar que vuelvas a ser la dueña de mis palabras.

lunes, octubre 22, 2007

Rojo, azul y verde

Estoy exprimido.

Podría extenderme en líneas expresando qué siento cuando estoy contigo o qué eres para mí. Pero pienso para mis adentros ¿Para qué?

Ahora un llanto no me sirve de nada. Ni unas palabras que me digan que me echan de menos.

Soy un insólito hombre de acción al que le tienen que demostrar el movimiento andando. De los que piensan que un beso echa más de menos que esas palabras llegando a unos oídos.

Mi problema es que ya no sé a lo que no te atreves, y miras mis labios aun cuando estoy callado, como si quisieras que fueran tuyos, pero me despierto yo sólo recordándome que son unas equívocas sensaciones mías ¿Verdad?

Y me doy cuenta que significas muchas cosas que yo no entiendo. Que cuando te tengo delante creo que es sencillo atraparte, abarcar tu cuerpo con mis manos, hacer que nunca más te escapes…

Pero te escurres, te marchas, y con un adiós haces que se colapsen todos mis sentidos.

miércoles, agosto 15, 2007

Desenchanteur

Reposo tristemente en mi cuaderno por no tener a nadie a quien entregar esta tristeza.

Y es que es tristemente triste carecer de sentimientos galopantes en el corazón.

Es triste poseer el gusto sensible y no encontrar más que labios insípidos endulzados con sueños borrosos.

Es triste, tristísimo, tener un corazón tan caprichoso, autómata, amante de sus propios caprichos, celoso de sus imposibles.

Pero si hay algo que me resulta triste, muy triste, es que cuando lees algo parecido a esto y sueltas la lagrimilla, no tienes cojones a decirme que me echas de menos y que no es cuestión de distancias.