domingo, junio 15, 2008

Como tantos...

Aparece. Ahí está, impávida. No busca, no se esconde, observa. Se deleita con su propio caminar, con su vaivén. Sujeta sus caderas, se transforma en el arpa que siempre quiero tocar. Se tuerce y ella sola se mece.

En un instante la encuentro nadando en mi herrumbre. No lo parece, pero me mira con los ojos casi cerrados, y se acerca como una confidente, como si hubiera algo que decirme al oído. Pero se equivoca y sus labios acaban chocando con los míos.

Se aparta y se le escapa una sonrisa. Vuelvo a caer y pienso que me he convertido en el extraño hombre-objeto, listo para la conversión en trofeo. Pero se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y me besa. Se aparta, me mira y… se muerde el labio.

No lo supe, pero era la primera vez que me sentía deseado.

Ahora no dejo de buscar otra mujer que se muerda por mí, ni de intentar que vuelvas a ser la dueña de mis palabras.

lunes, octubre 22, 2007

Rojo, azul y verde

Estoy exprimido.

Podría extenderme en líneas expresando qué siento cuando estoy contigo o qué eres para mí. Pero pienso para mis adentros ¿Para qué?

Ahora un llanto no me sirve de nada. Ni unas palabras que me digan que me echan de menos.

Soy un insólito hombre de acción al que le tienen que demostrar el movimiento andando. De los que piensan que un beso echa más de menos que esas palabras llegando a unos oídos.

Mi problema es que ya no sé a lo que no te atreves, y miras mis labios aun cuando estoy callado, como si quisieras que fueran tuyos, pero me despierto yo sólo recordándome que son unas equívocas sensaciones mías ¿Verdad?

Y me doy cuenta que significas muchas cosas que yo no entiendo. Que cuando te tengo delante creo que es sencillo atraparte, abarcar tu cuerpo con mis manos, hacer que nunca más te escapes…

Pero te escurres, te marchas, y con un adiós haces que se colapsen todos mis sentidos.

miércoles, agosto 15, 2007

Desenchanteur

Reposo tristemente en mi cuaderno por no tener a nadie a quien entregar esta tristeza.

Y es que es tristemente triste carecer de sentimientos galopantes en el corazón.

Es triste poseer el gusto sensible y no encontrar más que labios insípidos endulzados con sueños borrosos.

Es triste, tristísimo, tener un corazón tan caprichoso, autómata, amante de sus propios caprichos, celoso de sus imposibles.

Pero si hay algo que me resulta triste, muy triste, es que cuando lees algo parecido a esto y sueltas la lagrimilla, no tienes cojones a decirme que me echas de menos y que no es cuestión de distancias.

martes, junio 12, 2007

Al costado

Hay veces que sueño que es año bisiesto y tengo un día más para alcanzarte.

Si. Me superas. Ni sufro ni lloro, porque no es dolor ni pena lo que siento. Se me escapa un suspiro del corazón, un pedazo que ya no quiere estar dentro.

Ni es risa ni prisa del saber que no te tengo. Es la astucia del tonto que maneja las palabras, el sibarita virtuoso que convierte una plegaria en un rezo ponzoñoso.

¿Eres portadora de un recuerdo? ¿O has machacado mi impureza con retratos de inocencia del destino?

Es cuando me siento sosegado bajo el cielo mortecino cuando oigo de tus gestos una exhalación. Y es que eso es todo lo que tienes que decir.

Unos ojos, una sonrisa y un silencio.

miércoles, febrero 14, 2007

A deshora

Mis recuerdos están empeñados en disfrazarse de sentimientos.

Cada día desde aquel día, era una batalla perdida. Un intento en vano de ganar terreno en tu cenagoso corazón.

Al principio los dos sabíamos qué cartas estábamos jugando, tú tenias un as en la manga y yo un full de corazones.

Tú sabías mantenerme a raya con un simple “No”, pero yo iba en plan kamikaze, dejándome la vida en cada intento para lograr algo que por fin se ha disuelto, aunque sabes que no soy partidario de desarraigarme de sentimientos.

Sé que hubo momentos en los que querías darme algo más que abrazos con los ojos entornados. Momentos en los que decidiste ser cobarde, una faceta tuya que hasta ese instante no conocía. ¿Sabes? Me pregunto si algún día, desde aquel día, te has arrepentido de no asaltarme con dulzura para robarme cosas que aún eran tuyas.

Hay ahora algo en mí que anhela algo de ti. Hay quien sugiere que guardo receloso un palpitante sentimiento que no se extinguirá. Yo, observo que hay un vivo recuerdo de momentos mágicos instalados en el sofá de mi retina, que ponen, al sugerir tu presencia, mi mundo patas arriba, pero ya no veo señales en nada de lo que me dices.

He empezado a escribir una antología: De lo que estando sin mí tú te pierdes cada día.

Me he propuesto terminarla, pero no depende de mí que ésta sea una obra inconclusa.

PS: Perdón que no escriba con tanta asiduidad, pero hace tiempo que no me deja ninguna chica, y mucho más que no me enamoro (aunque parezca lo contrario). Besos a quien me anima a que no deje de hacerlo. Hasta la próxima.

miércoles, noviembre 29, 2006

El folio de las palabras perdidas

Te he regalado cosas… muchas cosas.
Te he regalado palabras… muchísimas palabras.
Te he regalado frases, cartas enteras llenas de ellas, que han servido para que salpicaran lágrimas en tu corazón sin encontrar más razón que las palabras.
Las palabras eran la prueba tangible de mis males. La lucha infructuosa de la dolencia de no poder tenerte.

Ahora sufro una incipiente sensación de no quererte, como si mis palabras y promesas se hubieran disipado, como si mi lucha constante hubiera sido una victoria donde yo pongo los muertos.

Mi lucha ahora consiste en saber si pondría otra vez mis palabras sobre el papel, pero me temo que hace algún tiempo que derrame la última gota de tinta de mis venas, por ti.

Me duele, pero ahora ando a favor del viento.

miércoles, noviembre 08, 2006

Para Andrea

Este es uno de esos post que escribo en los spaces del messenger. Ya sabeis que no me gusta escribir lo de los besitos y amigos para siempre y esas cosas, me gusta más bien dejar "mi sellito". Y...eso, ahí va:

Hay quien te dirá que la diferencia nos hace especiales, quien te intentará da gato por liebre diciéndote que quien come lagartijas es un tipo auténtico.

Pero eso no es de alguien especial, eso tú ya lo sabes.

Puede ser extraño, pintoresco, raro, distinto, curioso… Pero nadie es apreciado por tocarse la nariz con la lengua (o al menos nadie se gana la vida así).

Para mí, alguien especial es quien posee una sonrisa dulzona, un cariño altruista y una alegría contagiosa. Quien es capaz de combinar una enorme e increíble belleza física con un atractivo interior supranatural y que canaliza esta mezcla de virtudes en pos de una vida lisonjera para/con los demás.

Mira pequeña Andrea. Esto de aquí arriba no son más que palabras y no significan más que la persona que las inspira.

Lo verdaderamente importante es, que aunque te falten palabras de aliento, o alguien quiera amargarte la vida en un momento, y aunque estés en un rincón sollozando deseando que galope el tiempo, siempre siempre siempre siempre, debes recordar que por ti misma tú eres especial, porque sólo tú eres Andrea Casanova y, créeme, eso, ya es mucho.